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DIORITA EN CARAL

Por: Ing. Jorge Olivari Ortega, Membre du Club de Minéralogie de Montréal.

Las rocas como las dioritas, son mezclas de partículas minerales componentes de la corteza terrestre. La petrología, que es la ciencia que estudia las rocas, ha clasificado estas en tres grupos: ígneas como la diorita (95%), sedimentarias (1%) y metamórficas (4%).

Se considera que hace unos cuatro mil millones de años empezaron a formarse las rocas. Las primeras fueron las llamadas ígneas, que se cristalizaron a partir del magma fundido en el interior de la tierra o de la lava en la superficie.

Estas al ser erosionadas y convertidas en residuales, forman las llamadas rocas sedimentarias, que pueden ser modificadas por efectos de la presión o de una alta temperatura, formando las rocas metamórficas, si esto ocurre en el interior de la corteza terrestre, se funden estas y vuelven a convertirse nuevamente en rocas ígneas.

Muchas veces son llamadas rocas primarias, así como magmáticas, porque se han formado por el material fundido procedente de las profundidades de la tierra.

Estas rocas se diferencian de las otras, porque están formadas por diversos minerales, que se hallan unidos sólidamente entre sí y sin existir estratos. A las rocas ígneas se les puede ubicar en diferentes estructuras, en el interior de la superficie, llamadas rocas ígneas intrusivas, o por encima de la superficie, llamadas rocas ígneas extrusivas.

Existen dos maneras esenciales para distinguir las rocas ígneas: por los minerales que la integran y por el tamaño de sus cristales; la textura también es un buen indicativo.

Si estas contienen en su composición gran parte de cuarzo, de feldespato y de mica, son agrupadas como rocas ígneas ácidas, casi siempre de un color claro y además ligeras de peso. Si contienen feldespato, olivino y piróxeno, con una pequeña cantidad de cuarzo, se les llama rocas ígneas básicas, que son algo oscuras y pesadas.

Cuando se forman a cierta profundidad, se enfrían lentamente y las partículas de minerales logran alcanzar un tamaño considerable, observadas a simple vista, estas tienen una textura granular algo gruesa, como la diorita, que es una roca ígnea donde los minerales componentes son visibles, pero sin ninguna orientación; formada por lenta consolidación del magma en profundidad.

Presenta variados colores de gris oscuro a gris verdoso oscuro con tendencia al negro, lo que dependerá del porcentaje de minerales en su composición.

Es una roca magmática compuesta principalmente de hornblenda, plagioclasa, biotita y cuarzo; existiendo más hornblenda que feldespato y más plagioclasa que ortosa; si el cuarzo está presente, la roca es entonces una granodiorita o diorita cuarcífera.

Los cristales de hornblenda pueden darle una apariencia de una textura porfirítica; es el más importante mineral oscuro, la biotita también puede estar presente.

Los minerales accesorios presentes en su composición son: magnetita, ilmenita, apatito, así como en menor proporción la esfena y el zircón; los piróxenos son muy raros.  

Esta roca se forma principalmente en las intrusiones de granito y de grabo, donde se podría fundir; también en pequeñas acumulaciones, en chimeneas y en diques.

La andesita es una roca muy similar a la diorita, ambas poseen la misma composición mineral y se forman en los mismos lugares, pero se diferencian por el tamaño de sus granos. La andesita cristaliza en superficie, siendo sus granos más pequeños.

La diorita posee un peso específico de 2.8 y está muy asociada con el granito, es muy utilizada como roca o piedra de construcción, debido a su buena resistencia, puede soportar un pulido intenso. Asimismo, es muy empleada como revestimiento y hace unos tres mil años fue muy aprovechada en Caral.

Dataciones obtenidas con carbono 14 sobre algunos restos arqueológicos de Caral, indican que estos tendrían una antigüedad de unos 4,000 años (2627 a 2100 a.C.).

Caral es la denominación actual de una sociedad pre-hispánica que tuvo su desarrollo en el hoy distrito de Supe, provincia de Barranca en el departamento de Lima, a unos 350 msnm; de fácil acceso desde la capital de Perú, a una distancia hacia el norte de 180 km.

Está ubicada en la costa nor-central, a unos 20 km del mar y tiene clima seco y caluroso.

Próximas a los restos arqueológicos que aún perduran y que son testimonios de su gran esplendor, existen unas canteras de diorita, roca estratégica que fue utilizada como materia prima para la construcción de sus pirámides, templos, palacios y otras obras. El lugar escogido para tal fin, sería tal vez, por la cercanía a esas canteras.

Estas construcciones se realizaron sobre una terraza aluvial en un área aproximada de unas 60 hectáreas. Es probable que muchas de estas hubieran sido remodeladas en el transcurso de los 500 o 600 años que estiman la presencia de esta sociedad en la zona.

El buen trabajo realizado por los arqueólogos peruanos en Caral, dirigidos por Ruth Shady, nos permiten saber que el Templo del Anfiteatro es el más relevante del espacio inferior de las construcciones. En este lugar están comprendidos, entre otras, una plaza circular y una pirámide con varias terrazas, que habrían sido incorporadas en diferentes periodos, así como también un pequeño adoratorio y una morada para la aristocracia.

Para su ingreso existió una plataforma frontal, con nichos alineados en ambos lados; el denominado anfiteatro es una gran plaza circular, construida por debajo del nivel de la superficie, posee escalinatas en el centro-sur y además dos escaleras para entrar.

Probablemente el lugar fue dedicado para ceremonias de carácter mágico-religioso; se lograron encontrar 12 flautas, 38 cornetas y restos de una estatuilla de arcilla.

Otra construcción existente en Caral es el llamado Altar del Fuego Sagrado, que era un recinto circular, en cuya parte interior central construyeron un pozo en el piso, que estaba comunicado con el exterior mediante un conducto subterráneo; existía un muro periférico y una sola entrada para ingresar al interior, donde realizarían ceremonias. Existen otros similares y se considera que en los pozos debieron incinerar ofrendas para sus dioses.

Hacia el oeste y cerca del Templo del Anfiteatro se encuentra otra edificación denominada Templo de la Banqueta, por existir en la parte central del lugar un pequeño taburete sin respaldo y a su lado un fogón. Este lugar debió ser utilizado para sus diversas ceremonias mágico-religiosas.

Diversas capas de pintura con diferentes colores: amarillo, azul, blanco, crema, gris y naranja, así como la existencia de distintos estratos que se observan en la terraza principal, infieren que en esta construcción se realizaron diversas reestructuraciones.  

Los minerales debieron ser la materia prima para obtener los colores, especialmente para lograr el rojo, que fue muy utilizado en Caral. Para conseguirlo recurrirían a la hematita, un óxido de fierro que es llamado también oligisto, de una dureza 6.5 en la escala de Mohs; los especialistas en la pintura debieron molerlo previamente.

Algunas sociedades prehispánicas atribuyeron a la hematita propiedades terapéuticas incluso mágicas, así como para detener hemorragias y como cosmético.

Una de las interesantes construcciones realizadas con diorita en Caral, fue la que han denominado el Templo Mayor, el cual está ubicado en la mitad alta del lugar.

Ocupando una gran extensión, edificaron una plaza por debajo de la superficie, de forma algo circular, la zona interna con dirección sur-norte tiene un diámetro de 21 metros, y de 22 metros con dirección este-oeste; el diámetro externo 36.5 metros con dirección este-oeste; el espacio entre los muros varía de unos 7 a 7.3 metros. 

Las murallas internas tienen unos 3 metros de altura y las externas 1 a 1.6 metros, las que pintaron con diferentes colores para darle una mayor brillantez, según las remodelaciones efectuadas, el crema fue uno de ellos, obtenido de la jarosita, que es un sulfato de potasio y sodio hidratado básico, de un color amarillo ocre; este mineral con una dureza de 2.5 a 3.5 en la escala de Mohs, puede confundirse con la limonita.

Existió también una pirámide con gradas compuesta por plataformas que alcanzaron una altura de unos 20 metros; la cúspide tiene 65 metros de largo y 35 de ancho, en la cual existen una serie de recintos, al parecer esta construcción que estaba comunicada con la plaza mediante escaleras centrales y laterales, fue la principal de Caral.

Los arqueólogos han logrado establecer la existencia de unas 32 pirámides en Caral, entre ellas la Pirámide de la Huanca, por la existencia cerca de ella de una piedra larga anclada en el suelo y que habría cumplido una función de carácter astronómico.

Asimismo, edificaron en plena ciudad de Caral la Pirámide de la Cantera (78 m. de largo, 56 m. de ancho y 34.4 m. de altura) sobre los afloramientos de diorita.

Las dioritas fueron las rocas más utilizadas en las diversas construcciones realizadas  en Caral, también las andesitas, las brechas volcánicas y los sieno-granitos.

Para obtener bloques pequeños de diorita, los canteros de Caral lograban aprovechar las fracturas existentes en las masas rocosas, alcanzando una separación casi natural, utilizando cuñas, cinceles y martillos, para luego adecuarlos al tamaño deseado.  

Generalmente las dioritas en Caral varían de color gris claro a gris oscuro, incluso  algo negruzcas por la presencia de magnesio y hierro, y hasta podían ser de color blanco gris.

Esta diorita es una roca de cristalización granular, con cristales claros de plagioclasa, de piróxenos y también de anfíboles, con cierta presencia de cuarzo y algo de arcilla.

La plagioclasa está presente con 70 a 75%; los piróxenos y los anfíboles con cerca del 10%; los minerales secundarios: clorita y arcillas en un 3%; el cuarzo en 1%; lo restante eran trazas de carbonatos, epidotas, sericitas, óxidos de hierro, apatito, esfena, rutilo y zircón.

En la zona donde se desarrolló Caral existen diques de rocas sieno-diorita, los cuales cortan a las dioritas; estas rocas presentan un color pardo algo grisáceo, de un grano medio y donde se pueden apreciar feldespato, cuarzo y silicatos de magnesio y hierro.

Los minerales principales componentes en estas rocas son los feldespatos potásicos, que son aluminosilicatos de potasio con un porcentaje de 42%, el cuarzo con un 25% y las plagioclasas, unos aluminosilicatos de calcio y sodio con cerca del 15%. Además están presentes las arcillas con un 8% y en un menor porcentaje las cloritas, los piróxenos, las epidotas, así como los carbonatos, esfena, sericita y óxidos de hierro.

Los restos arqueológicos de Caral son un buen testimonio del uso dado a la diorita, para conseguirlo, contaron con personal que conocía las características de esta roca ígnea, que es resistente a la erosión, así como de las técnicas para obtenerla.

Este personal especializado en cantería, debió coordinar sus labores con las personas encargadas de proyectar las construcciones de las diversas obras en Caral.

Los trabajos arqueológicos realizados, nos indican que es posiblemente, el centro urbano más antiguo del continente americano y representa los principios de las edificaciones arquitectónicas y urbanísticas realizadas en forma inédita.

Es admisible que existiera una numerosa población en la zona para poder realizar la construcción de las grandes estructuras; organizar los diversos y complejos trabajos implica una excelente planificación, con un personal técnico y administrativo de buen nivel, supervisados y conducidos por una autoridad centralizada.

La religión parte integrante de la superestructura de la sociedad estratificada de Caral, fue aprovechada por la clase dominante y sería el factor fundamental y decisivo para obtener la obediencia, disciplina de todos sus habitantes y obtener para sí, beneficios en todas las actividades socio-económicas.

Además para satisfacer sus necesidades de ostentación, para sus símbolos de prestigio y de autoridad, así como para sus diferentes ceremonias mágico-religiosas, esta clase dominante de Caral tuvo necesidad de conseguir ciertos productos inexistentes en la zona mediante el intercambio, entre ellos estaban los minerales.

Se desconoce la procedencia de los minerales utilizados en Caral, la sodalita uno de ellos, procedería de algún lugar de Cerro Sapo, de la actual Cochabamba, Bolivia.

Cuarzo, crisocola, calcita, caolín, siderita y rodocrosita, además de otros minerales, utilizaron los especialistas para poder confeccionar los diversos adornos personales, como collares, cuentas, dijes y otros necesarios para la clase gobernante.

Caral es considerada la civilización más antigua de América –cultura matriz–, la cual fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad el 28 de junio de 2009.

Los trabajos arqueológicos permitieron el hallazgo de un quipu, instrumento al parecer utilizado en la contabilidad y que se estimaba era creación de los incas, en la época que gobernaba Mayta Cápac, entre 1300 a 1320 d.C., fecha probable de su gobierno.

Este quipu fue hallado en el 2005 en la Pirámide La Galería y se estima que habría sido colocado en este lugar como ofrenda y su probable elaboración sería el 2500 a.C.; existen gráficos con apariencia de quipus en la Pirámide Menor de Caral.

A casi un kilómetro de la ciudadela, en el lugar llamado Chupacigarro, existe un geoglifo o fisonomía construida con adición de piedras angulares, de una cabeza muy similar a las de Sechín (Casma, Áncash), la cual está orientada hacia el este, mostrando un ojo cerrado, la boca abierta y cabello sacudido por el viento o por el sangrado del cráneo.

La arcilla fue utilizada para modelar pequeños ídolos antropomorfos, estos formarían parte de las ceremonias mágico-religiosas, pero no para la cerámica, tal vez, porque en las cercanías existían cucurbitáceas y que usarían como recipientes.

Estiman que Caral en su esplendor, tuvo una población cercana a los tres mil habitantes.

El llamado Fenómeno del Niño habría tenido influencia en el final de la sociedad establecida en este lugar, aunque se desconoce las verdaderas causas de su real desocupación.

Caral, al ser considerada la más antigua civilización del continente americano, logra convertirse en el símbolo de mayor celebridad de nuestra identidad nacional, la cual logra además, elevar nuestra autoestima.

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